Una nueva aventura misioneraUna nueva aventura misionera
23 Mayo 2017 - Tailandia

En su carta anual con motivo de la Pascua, el P. Domenico RODIGHIERO, un Oblato italiano que trabaja en Tailandia, escribe sobre su misión a sus familiares y amigos.

Como saben, sigo trabajando con refugiados, especialmente paquistaníes, y con ellos, estamos inmersos en la Semana de Pasión. La situación en Bangkok es muy difícil para estos "pobres cristianos” que no pueden encontrar la paz. Muchos de ellos han estado en prisión varios años y su vida se va complicando cada vez más. Ayudamos tanto como podemos pero nuestros recursos son limitados y no podemos abarcar todas sus necesidades. Es triste ver un padre de familia que me pide que escriba una carta de recomendación a una parroquia en Canadá al tiempo que toda su familia (mujer y cinco niños) han estado en prisión desde hace casi dos años. La última vez que lo encontré estaba muy preocupado porque su hijo de seis años había sido trasladado a una celda de hombres desde la sección de mujeres donde había estado con su madre. Verdaderamente toda esta gente vive la Semana de Pasión y la viven con Cristo; comparten sus sufrimientos causados por una falta de humanidad de tantas personas.


Crédito de la foto: www.asianews.it

Para terminar, algunas noticias que quiero compartir con ustedes para que puedan seguirme en mi nueva etapa de experiencia misionera. Al inicio de Mayo seré trasladado a mi nueva parroquia. Cuando recibí mi obediencia tuve que buscar el lugar en Google pero a pesar de lo poderoso que es este medio no tiene noticia de la presencia del pueblo donde estoy destinado. La nueva comunidad a la que debo servir es un pequeño pueblo en las montañas del Norte de Tailandia que está a unos 1400 metros sobre el nivel del mar.

Mankhaw. Ese es el nombre del pueblecito que no aparece en el mapa porque está situado en medio del bosque con tan solo unos pocos cientos de almas. En la época de lluvias que comenzarán dentro de poco, es prácticamente inaccesible porque la carretera es desesperante. Intentar desafiar las dificultades climatológicas puede costarte unas maravillosas volteretas con el carro en caída libre hasta lo más hondo del valle. Mi nuevo compromiso misionero es el estereotipo de lo que yo tengo en mente sobre la misión: el misionero que vive en medio de la gente en una especie de cabaña de madera, bebiendo agua de lluvia y compartiendo la vida con los aldeanos. El misionero los llama para la Misa golpeando la llanta de una rueda y comiendo lo que pueda encontrar en el bosque.


De verdad que es un desafío, el desafío usual de nuestra fe. El resultado del trabajo del misionero en este pueblecito será siempre pequeño porque la gente está muy ocupada tratando de sobrevivir, porque no tiene tiempo de parar y estudiar el catecismo. Están demasiado cansados como para concentrarse en su vida espiritual. Cuando llega la tarde, la luz es demasiado débil y las calles con demasiado lodo como para ir a la Iglesia. Pero Dios siempre encuentra el medio de construir su Reino y quizás solamente necesite de alguien que cuide esa comunidad como un signo de que no se olvida de su fatiga, su pobreza, su sufrimiento diario. No me interesa si el nombre del pueblecito no aparece en el mayor motor de búsqueda, su existencia pasa totalmente desapercibida y su nombre jamás será registrado en el registro municipal. Dios se acuerda de ellos porque los ama y por este motivo me envía para estar con ellos.

El 3 de Mayo llegaré al pueblecito para comenzar lo que puede ser una nueva aventura misionera para mí. No sé dónde me llevará esto. Necesito sus oraciones para que me mantenga fiel en la vocación y para vivir con alegría este nuevo encargo. ¡Feliz Pascua!

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