Los últimos momentos de vida con Mons. BarryLos últimos momentos de vida con Mons. Barry
19 Junio 2017 - Natal


Hace poco anunciamos que Mons. Barry WOOD, obispo auxiliar de la archidiócesis de Durban, falleció el 2 de mayo de 2017, en el hospital de Durban. El Hermano Escolástico Ian CHITAMBO, de Zimbabue, que en la actualidad estudia en el escolasticado de Cedara, nos cuenta el conmovedor relato de los momentos finales que él mismo pasó con el obispo poco antes de su fallecimiento.

Sabía que había llegado pronto para recogerle para la Ordenación Diaconal en el Escolasticado de San José. Así que esperé a la puerta, en Durban. No podía llamar al timbre antes de la hora estipulada para recogerle. Y exactamente a las 7:45 a.m. llamé al timbre. Después de un poco, respondió y me abrió la puerta. Entré en el coche hasta que abrió la puerta del garaje para que entrara. Al verle por primera vez tuve una mezcla de sentimientos; no era el Barry que conocía. Pero no quería pensar en eso; sabía que no se encontraba bien, esa era la razón de haber venido aquí: recogerle. Le seguí adentro de la casa – le costaba caminar.

Esperé en la cocina mientras recogía sus cosas; de vez en cuando podía oír grandes suspiros que salían de su dormitorio. De nuevo me sentí preocupado: el obispo no estaba bien. En ese momento chateaba con Tawanda MWANDO (un compañero escolástico) por Whatsapp. Le escribí, "hermano, ¡Barry no está bien!” Tawanda mencionaba que desde la última vez en que se había encontrado con el P. Mike FOLEY, no tenía buena cara. Al instante pensé en escribir al P. Joe PHIRI (superior del Escolasticado) sobre la situación, pero mantuve la calma. Tampoco quería que cundiera el pánico en casa. "El obispo estará bien”, pensé para mis adentros.


P. Mike FOLEY y P. Joe PHIRI

Podría decir que lo que hizo que me tranquilizara fue que cuando le oí una vez más suspirar pesadamente, esta vez dejó escapar un "¡Oh Dios mío!” Fue entonces cuando supe que Barry podría hacerlo: Dios estaba con él…

Vino hasta mí y me entregó sus vestimenta y todo lo que necesitaba para ese día. Yo, a mi vez, le llevé al coche. No le pregunté entonces por su salud, pero sin duda pudo constatar los constantes cambios de humor que experimentaba: de la preocupación a la sonrisa llena de esperanza. No me dijo en ese momento qué le pasaba; me llamó hasta su habitación, me dio su cinto y me dijo, "Dame un momento, necesito recuperar el aliento”. "Tómese su tiempo, monseñor”, respondí. Salí y entré en el coche para esperarle. Salió después de unos pocos minutos y salimos camino de Cedara…

Aunque estaba débil, la mente de Barry aún estaba lúcida. Pude verlo cuando me avisó de una cámara, en la zona de 80 km, donde ya le habían multado varias veces, "Ten cuidado,” me dijo, "hay una cámara en la que sólo reparé cuando me llegaron varias multas.” Ambos reímos…


Escolasticado de San José, Cedara, África del Sur

Así que Barry estaba enfermo, pero venía a la ordenación; estaba convencido de poder hacerla. Llegamos al Escolasticado y tan pronto como llegamos Barry se desplomó. La gente rápidamente le rodeó, queriendo ayudar, mientras yo fui a llamar al Superior para que se ocupara de la situación. Lo más sorprendente, lo que quiero compartir con ustedes es que los que rodeaban a Barry sugerían: "¡Cancelemos la ordenación!”, y otros "Llamemos a un obispo de Marianhill”. Y algunos dijeron "Tumbémosle y llevémosle a un dormitorio”.

A todo este jaleo, no respondía. Estaba ocupado tratando de sonreír a todo el que se le acercaba mientras bebía un zumo. Cuando uno le miraba era como si todo estuviera bien, y estoy seguro de que en su mente, todo habría funcionado y habría podido realizar su compromiso y obligación. Tras todos los debates y toda la confusión, le sugirieron a Barry que fuera a tumbarse y que realizara la ordenación desde el dormitorio. Él rechazó de plano esta posibilidad. Dijo, "Lo haré. Alguien puede celebrar la misa. Yo estaré sentado y cuando llegue el momento del rito de la ordenación, yo la hago”. Todos sabíamos lo que esto significaba. Como el provincial de la Congregación Misionera de Mariannhill dijo en su panegírico al obispo: "El obispo nos dio un ejemplo: el de un soldado dispuesto a morir con las botas puestas”.

Después. Tuve que llevarle de vuelta a casa y charlamos durante todo el camino de regreso, pero la última vez que le vi fue cuando ya estaba en la cama, parecía muy cansado. Le pregunté, "Monseñor, ¿se pondrá bien?” Me respondió, "Estaré bien, sólo necesito descansar”. Ahora Barry descansa y todo lo que nos queda de él son sus recuerdos y su profunda sabiduría, que nos dejó de distintas maneras. ¡Descansa en paz, Barry, y cuida de nosotros! Digo que cuide de nosotros, porque cuando oí que había fallecido, salí bruscamente de clase con lágrimas en los ojos en dirección a la capilla. En mi mente, tenía la idea de rezar por el eterno descanso de Barry. Pero creo que sólo unas pocas palabras después de orar por él, mi oración cambió y el resto del tiempo lo pasé pidiendo a Barry que intercediera por nosotros.


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